Cultura

Coronavirus en Perú: Un respiro para Lima en esta cuarentena

Coronavirus en Perú: Un respiro para Lima en esta cuarentena

Ver la avenida Abancay desolada ha sido por estos días una experiencia extrañísima. Es domingo, jornada de aislamiento total, y apenas se perciben las bocinas de algunos patrulleros, los gritos de los cobradores permanecen ausentes y se puede respirar sin miedo. Hasta parece que sus opacos edificios se han rejuvenecido. Abancay ha dejado de ser un caos y la intersección con Cusco no es ya el punto más ruidoso de la ciudad. Los estudios advierten que soportaba a diario hasta 90 decibeles, 20 más de lo recomendable. ¡Cuántas sorderas se habrán gestado en sus 11 cuadras! Cómo si se tratara de una ficción, ahora la calma reina con total desparpajo, posando para una fotografía que parecía imposible.

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Y no es solo Abancay. El cielo, aire y tierra de Lima lucen distintos y todo en parte por las medidas de confinamiento ordenadas por el Gobierno, a causa del coronavirus, que están a punto de cumplir 60 días. El mismo paisaje se replica en todo el mundo. Y es que si algo bueno se puede rescatar de esta pandemia, es la certeza de saber que al estar encerrados le hemos devuelto un poquito de lo robado a este planeta. Aunque solo se trate de un respiro.

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La mañana del 22 de marzo –con más de una semana de aislamiento–, el arquitecto Jean Pierre Crousse se acercó a su ventana como de costumbre. Eran las nueve de la mañana y se aprestaba a disfrutar de la hermosa vista que le brinda su departamento chorrillano con vista al mar. Pero lo que se encontró le sorprendió tanto que de inmediato tomó su iPhone XS. Click. El resultado fue la fotografía de ensueño, lo jamás imaginado: la bahía de Lima espléndida y, al fondo, una fila de montañas. La cordillera de los Andes apreciada desde el malecón chorrillano, una Lima muy pocas veces vista, un regalo de cuarentena.

Imagen tomada el pasado 22 de marzo por el arquitecto Crousse. (Instagram)
Imagen tomada el pasado 22 de marzo por el arquitecto Crousse. (Instagram)

Su fotografía –que no tuvo mayores retoques– se hizo viral. En la instantánea aparecen la Meseta de Marcahuasi, ubicada a 4,000 m.s.n.m., cerros como el Chaclla (4,200 m.s.n.m.), entre otros. ¿Cómo es posible ver desde esta caótica ciudad montañas ubicadas a 65 kilómetros de distancia? Crousse ensaya una respuesta: la ausencia de polución y un día excepcionalmente claro.

“Me encanta pensar que esta imagen nos revela que Lima puede ser considerada una ciudad costera con vista a los Andes o, al revés, una ‘ciudad andina’ con vista al océano, dependiendo de quién la mire. Esto, por supuesto, puede fascinar a algunos y aterrorizar a otros; a mí me encanta que la imagen revele una geografía que finalmente es más coherente con el multiculturalismo de la Lima que condensa a todos los habitantes del Perú en ella”, comentó el arquitecto para la página de Facebook Lima Milenaria.

El ingeniero Anderson Huayna, jefe de Calidad del Aire de la Municipalidad de Lima (MML), tiene una explicación: “Estamos obteniendo valores muy bajos de contaminación que cumplen los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estos se encuentran entre los 8 y 10µg/m3 (microgramos por metro cúbico) de material particulado del tamaño de 2.5 micras, cuando el promedio diario se sitúa en 50 µg/m3”.

Estas partículas, diminutas y capaces de entrar a nuestro sistema respiratorio con facilidad, provienen en su mayoría de las emisiones de los vehículos diésel que transitan a diario por la ciudad, causantes del 58% de la contaminación del aire. Pero la mayoría de estos vehículos por el momento permanecen guardados. Un informe del diario Gestión publicado a mediados de abril indica que desde que se inició la cuarentena solo en el transporte terrestre se evitaron la emisión de más de 460,000 toneladas de CO2e (dióxido de carbono equivalente).

Huayna señala que la MML por ahora mantiene 10 estaciones de medición de la calidad del aire y en todas se han registrado niveles bajos de contaminación, cifras sin precedentes dentro de la era posindustrial. A ello se le suma la baja contaminación lumínica. “Muchos paneles LED y avisos luminosos que se encuentran en las calles han dejado de funcionar ante la falta de público que los vea. Nos están devolviendo un derecho a poder ver el cielo”, sostiene.

Tan mal tratamos los limeños al río Rímac que a diario la planta de Sedapal en La Atarjea recoge casi 30 toneladas de basura. “Desperdicios, desmontes, hasta colchones y muebles, todos tirados al río”, relata Francisco Dumler, presidente del directorio de Sedapal. La buena noticia es que por estos días apenas se recogen 1 o 2 toneladas de desperdicios en La Atarjea.

“Los trabajadores me dicen: ‘Nunca ha estado tan limpio como ahora, en 40 años’. Ha tenido que venir una pandemia para decirnos cómo tenemos que cuidarlo”, comenta Dumler. “Si seguimos así, en dos años podemos volver a pensar a tener especies en el río”.

El reto se encuentra en mantener estos niveles una vez la ciudad salga del aislamiento.

Sedapal menciona la necesidad urgente de una autoridad única del río Rímac que vele por su cuidado. El mismo desafío enfrenta el aire de Lima. “Puede ser engañoso decir que el medio ambiente está mejor. Lo que vemos es una foto feliz, pero no podemos volver a la normalidad que teníamos antes”, comenta el ingeniero Huayna.

Y actuar nunca fue tan urgente. Más si observamos que ya por estos días no son pocos los limeños que vienen faltando a la norma, dándonos aviso de que el caos puede regresar.

Este respiro de Lima ha sido, además, causante de hilarantes memes –imposibles, claro– como un Rímac con delfines o un cielo tan claro que permite ver a personajes ficticios. “Por supuesto que todo ello son bromas, pero lo que sí demuestra es que los limeños imaginan una ciudad viva y descontaminada”, asegura Dumler, siempre optimista.

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