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Coronavirus: Los autocines buscan revivir en todo el mundo

Coronavirus: Los autocines buscan revivir en todo el mundo

A mitad de la película Grease, el protagonista y galán, Danny Zuko, lleva a Sandy al autocine para pedirle perdón. Cuando ingresan al lugar, la gran pantalla muestra algunos segundos de The Blob. Es la década de los setenta y el recinto luce abarrotado, como si de un festival musical se tratara. Filas de automóviles albergan a decenas de muchachos que están a la espera del inicio de la película.

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Los Picapiedra también lo mostraron. Basta con ver el opening del dibujo animado. A la salida de su trabajo, Pedro va en busca de su familia y enrumban hacia el autocinema. El troncomóvil hace su ingreso y hasta Dino se prepara a ver la película. Aunque en parodia, resulta un símil de la sociedad estadounidense de los sesenta, década del estreno de la serie.

Así era Estados Unidos y así era la vida en gran parte del mundo. Los autocinemas fueron por muchos años escenarios de grandes historias. Aunque no lograron superar el nuevo milenio, su nombre parece haber renacido por estos días. ¿La razón? El distanciamiento social provocado por el coronavirus.

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La historia del autocinema tiene poco menos de 100 años. Fue el estadounidense Richard Hollingshead quien tuvo la idea de trasladar el cine a un terreno al aire libre, en un espacio al que el público pueda asistir y disfrutar de una película dentro de su automóvil. Son diversas las leyendas que se crearon en torno al origen de la idea de Hollingshead. Una de ellas menciona que su proyecto se fundó a partir de la obesidad de su madre, quien ya no podía asistir a las salas de cine convencionales.

El 6 de junio de 1933 en Camden (Nueva Jersey) se proyectó la primera película en un autocine. Se trató de la comedia Wives Beware (1933). Un cartel rotulado con las letras “Toda la familia es bienvenida, sin importar lo ruidosos que sean sus niños” invitaba a venir a toda la familia. El costo rondaba los 25 centavos de dólar por persona y otros 25 por el vehículo. El sistema era simple: la imagen se presentaba en un inmenso ecran. Por otro lado, el sonido llegaba a los vehículos a través de parlantes. Posteriormente, el proceso se modificaría para empezar a usar las frecuencias de radio.

La popularidad de los autocinemas fue creciendo, sobre todo en la década de los cincuenta y sesenta. Durante este periodo se abrieron más de 4 mil en todo EE.UU. Y la idea se fue perfeccionando. Comenzaron a incorporar zonas de ocio como parques infantiles para los niños y servicios de comida.

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En Perú el arribo de este servicio se dio en 1953. Un área de 11,550 metros cuadrados en la cuadra 30 de la avenida República de Panamá –en un San Isidro aún lejos de convertirse en el centro financiero de la ciudad– sirvió para construir este recinto que traía la moda de disfrutar del cine al aire libre. Drive-in fue el nombre del establecimiento de ensueño que combinaba dos deseos: el cine y los autos. Las crónicas periodísticas cuentan que la primera película en proyectarse fue Las aventuras de un humorista. El afiche de esa primera función también brinda otro detalle: que el diseño y ejecución del proyecto estuvo a cargo del arquitecto Max Galli B. y el ingeniero Carlos Galli.

Durante sus 22 años de existencia este recinto mantuvo dos horarios: a las 7:15 p.m. y 9:30 p.m., siempre aprovechando la oscuridad de la noche limeña. La prohibición de que los hombres acudan a los servicios higiénicos durante la función y que solo se transmitan cintas familiares fueron algunos de los hechos curiosos que dejó el Drive-in.

En 1975 este autocine apagaría su pantalla. Su destino no pudo ser ajeno a la debacle que experimentaban estos servicios en todo el mundo. La aparición del VHS, la fabricación de autos más pequeños e incómodos y el aumento del valor de los terrenos hicieron que el negocio sea inviable.

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A la fecha son pocos los países que cuentan con autocines en funcionamiento. En EE.UU. ahora solo perduran poco menos de 300, aunque estos están más enfocados en presentar una experiencia retro que en exhibir películas de estreno. Sin embargo, el distanciamiento social ordenado en distintos países por el coronavirus ha llevado a repensar esta idea. No es descabellada: al estar dentro de un vehículo, las personas tienen poco contacto con el exterior.

En distintos países ya se habla de que esta modalidad podría reflotar. Por ejemplo, la Agencia Federal de Redes de Alemania ha comenzado a destinar más de 40 frecuencias de radio para autocines en todo el país, sistema indispensable para el funcionamiento de un autocine. En Brasil, el primer autocine será acondicionado en un exrecinto usado para los JJ.OO. de 2016. Dubái también contará con un centro de lujo similar.

Perú también debate esta idea. A comienzos de mayo, el alcalde de Magdalena informó que su comuna recibió una propuesta del sector privado para la construcción de un autocinema en la Costa Verde. Sin embargo, no hay mayor avance sobre el proyecto. Por lo pronto, ni Cinemark ni Cineplanet, las dos cadenas de cine más grandes del país, se han pronunciado sobre la posibilidad de llevar a cabo el proyecto de un autocine. La poca rentabilidad y la alta inversión serían los principales factores a tomar en cuenta.

El regreso de los autocinemas es por ahora un proyecto y no hay una fecha precisa. Solo nos queda esperar. Quién sabe si pronto podamos estar sentados en un vehículo frente a esa pantalla que vimos por muchos años en películas y que posiblemente nuestros padres o abuelos aún añoren.

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