Cultura

Gabriel Arriarán: Una mirada sobre el boom de la minería ilegal en Madre de Dios [ENTREVISTA]

Gabriel Arriarán: Una mirada sobre el boom de la minería ilegal en Madre de Dios [ENTREVISTA]

La primera vez que llegó a Madre de Dios fue por equivocación. En el año 2000, Gabriel Arriarán estaba en la universidad y se había organizado en Lima un congreso de estudiantes latinoamericanos de Antropología. Él se quería ir al Manu a hacer un trabajo con los machiguengas, pero conoció a una brasileña con quien viajó a Cusco. “Estaba con la cabeza en otro lado por esta chica y al final tomé un bus que iba en la dirección exactamente opuesta al Manu. Cuatro días después llegué a Puerto Maldonado”, relata Gabriel.

En el lugar le dijeron que para ir al parque nacional tenía que volver a Cusco, pues, desde donde estaba no había un camino directo hacia el Manu. Por eso, no lo quedó otra que buscar una comunidad con la cual trabajar en Madre de Dios. Fue así como encontró a los nativos de la comunidad de Infierno. Obtuvo una beca que financió su primer proyecto universitario. Se quedó a vivir varios meses en Puerto Maldonado en un hostal llamado Moderno y desde entonces esa región se ha vuelto parte de su vida.

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En 2013, después de haber vivido varios años en Europa, Gabriel regresó a Madre de Dios para iniciar la investigación que acaba de publicar con el título Frontera Pirata (Planeta, 2020). En el libro relata la historia de tres personajes que han estado vinculados desde frentes políticos, sociales y periodísticos con el avance de la minería ilegal. Se trata del exministro Antonio Brack, el dirigente Víctor Chanduví y el periodista Manuel Calloquispe. A partir de sus historias, Arriarán narra el desastre perpetrado en La Pampa y ensaya las razones de por qué la selva de Madre de Dios se ha convertido en un foco de devastación, crímenes e impunidad.

Frontera Pirata, de Gabriel Arriarán. (Planeta, 2020)
Frontera Pirata, de Gabriel Arriarán. (Planeta, 2020)

¿Por qué tuviste ese deseo tan fuerte de escribir sobre Madre de Dios?

Mi experiencia en el trabajo de campo en Madre de Dios en el año 2000 fue algo que nunca me pude quitar de la cabeza y siempre me obligó a regresar, me llevó a investigar sobre esa región. Durante años fui coleccionando todos los documentos históricos que existen sobre el lugar, los he leído todos. Fui buscando trabajos que me llevaran hacia Madre de Dios. Mi proyecto doctoral con el que gané una beca fue sobre la esclavitud en la época del caucho en la región. Quería saber cuál era la situación actual de la trata de personas en medio del boom del oro. Este libro es el resultado literario de una investigación etnográfica.

No se lee como un libro académico.

Es que lo que he estado haciendo en los últimos años es investigar como antropólogo o como etnógrafo, pero no para escribir para la academia. Eso es algo que no despierta mi interés en lo más mínimo, sino contar historias, escribir literatura. En los últimos 15 años, hablar de Madre de Dios, lamentablemente, es hablar de minería ilegal.

¿Cómo fue el cambio que vivió la región a partir del boom del oro?

Cuando yo volví a Puerto Maldonado en 2013, hacía varios años que no iba y ya era otra ciudad. Había crecido un montón. En el 2000 solo había una cabina de internet en toda la ciudad. Era un lugar muy, pero muy desconectado del resto del país. Cuando regresé lo que encuentro es que mucha gente que había conocido antes se sentía totalmente sobrepasada por lo que estaba sucediendo con lo del oro. La población de la ciudad se ha triplicado en menos de 20 años. Los viejos maldonadinos, que viven entre Puerto Maldonado e Iberia, han perdido mucho del control que tenían sobre la región porque llegaron oleadas de mineros que terminaron dominando la política regional.

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¿Cómo consiguieron hacerse con ese dominio?

Cambiaron su DNI y se hicieron votantes de Madre de Dios, a pesar de que no son de ahí. Puede ser que a penas lleguen dos semanas antes de las elecciones para cambiar su documento y poder votar. Una de las primeras impresiones que tuve es que el lugar que yo había conocido ya no existía más. La región de la que me había enamorado ya se había ido.

¿Ese cambio no te desalentó a quedarte a vivir ahí?

No… Me daba la sensación de que cierto espíritu de Madre de Dios todavía estaba contenido en la minería. Acuérdate que la región es lo que es por varios booms extractivos. Empezaron por el caucho, la madera, el oro, luego de nuevo la madera y ahora otra vez el oro. Todas esas fiebres extractivas tienen algo común.

¿Qué exactamente?

Una misma manera de estructurar relaciones de trabajo patronales, o sea, hay patrones que habilitan trabajadores con maquinaria, armas, comida, etc. Y que a cambio reciben bienes, madera u oro. Eso sigue siendo igual desde hace 120 años como mínimo. Todas esas fiebres han venido acompañadas de procesos migratorios avasalladores. Madre de Dios siempre se ha visto desde fuera como un lugar adonde va la gente a escapar de la pobreza. Gente de Cusco, Puno va a buscarse la vida y a intentar hacer algo de fortuna para luego volver a su lugar de origen. Madre de Dios siempre se ha visto como un campamento, no un lugar en donde asentarse, formar una familia y vivir. Eso no ha cambiado.

¿El nivel de violencia ha variado?

Es mucho más violento, eso sí ha cambiado. La violencia que ahora está ocurriendo en Madre de Dios no la había visto en ningún otro lugar.

¿Cómo influye ese nivel de violencia en los habitantes de Madre de Dios?

Es muy difícil hacer la diferencia entre víctimas y victimarios. La mayor parte de las veces los mismos victimarios han sido víctimas de algún tipo de violencia. Y el hecho de catalogarlos como víctimas los hace sujetos de una acción externa, o sea, yo he sido víctima de un crimen o de una violación y a partir de eso se define la vida de las personas y se olvida todo lo que hicieron antes de ser una víctima. Pero en realidad no creo que eso tenga que ver con una diferencia tan maniquea entre víctimas y victimarios, sino con políticas de Estado muy fallidas que se han escrito desde Lima sin ningún conocimiento de la realidad local. El origen de la violencia del oro, para mí, está en el Ministerio del Ambiente durante la época de Ollanta Humala y en las decisiones que tomaron.

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