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Susana Moscoso, la enfermera peruana que lucha contra el coronavirus en Miami

Susana Moscoso, la enfermera peruana que lucha contra el coronavirus en Miami

¿Sabes lo que es sentir miedo? A veces creemos que los médicos y enfermeras, en la primera línea de riesgo en esta batalla contra el coronavirus, no tienen temores, que son fuertes, que están protegidos por sus conocimientos, que saben tanto de emergencias que siempre están listos y listas para lo peor. Susana Moscoso es una enfermera peruana que vive en Miami, y que día a día se juega la vida por la vocación que eligió. El miedo la habita, no la paraliza.

Alerta por nuevos brotes de coronavirus en Estados Unidos, país que ya tiene casi 3 mil contagiados

Estados Unidos es el país con más contagios, con 104,837 positivos registrados mientras escribo y más de 1,500 muertos. El presidente Donald Trump minimizó, en diversas ocasiones, la importancia del virus. Miami, la ciudad de las fiestas y las playas, se paraliza en cámara lenta. En Miami-Dade hay 763 casos del nuevo coronavirus, de los cuales 744 son residentes del estado. Los infectados tienen entre 3 y 99 años.

Deberían copiar el modelo de otros países que están poniendo a toda la población en cuarentena y únicamente permitir que los negocios esenciales y la gente que trabaja para el sector salud vaya a trabajar. El resto debe quedarse en casa, para, de alguna manera, ayudar a no colapsar los sistemas de salud. En Estados Unidos, cada gobernador está actuando por su cuenta. A eso se suma que el presidente Trump mencionó que le gustaría que el país regresara a la normalidad para el día de pascua (domingo 12 de abril). Aquí en la Florida, donde yo estoy, nos estamos preparando para lo peor, a nivel hospital”, comenta Susana. Sus dos hijas, de 26 y de 20 años, están en cuarentena en Nueva York. Las llama todos los días. La mayor recibirá en breve su último pago, la empresa de eventos en la que trabajaba cerró. Tendrá que vivir de sus ahorros. Los padres y hermanos de Susana están en nuestro país. Vive sola. Y en estos tiempos de angustia, la soledad vulnera los trajes más duros.

“Nos acompañamos entre nosotros, los compañeros de trabajo. Ellos son mi familia, con ellos almuerzo todos los días, compartimos los miedos y las incertidumbres, y nos ofrecemos una mano, en caso de que nos falte algo. Llegas a casa y es una soledad y silencio absoluto. La gente ha sido muy buena, he recibido llamadas de todas partes, preocupados por mí”, reflexiona Susana, de 49 años.

Esa soledad que a veces no comprendemos golpea a los médicos y enfermeras, sobre todo en situaciones de estrés. Duele escuchar estas palabras de Susana: “Soy un foco infeccioso donde voy. Entro al hospital todos los días y hasta podría tener el coronavirus, y ser totalmente asintomática porque estoy expuesta. Uso el mismo elevador que emplea todo el mundo a diario, uso el mismo garaje que los familiares, he ido a cuartos donde he hablado con pacientes antes que les detectaran el coronavirus. El estrés es grande”. Duele: “Tengo que estar sola, tengo que dejar ir a la gente que veía, es por su bien. Sé que es algo pasajero, carajo, duele, pero debes hacerlo. Te sientes sola, inevitable”.

Quizás por su trabajo, Susana visualiza los peores escenarios siempre. Hay momentos en los que piensa, o cae en cuenta, que vive sola, que si le da algo, la encontrarán muerta después de tres días: “Cuando uno es enfermera y sabe cómo son las cosas, y ha visto gente morir, uno se plantea las cosas así de duras”.

Susana regresó a terapia después de dos años porque necesita tranquilizarse, y ver el panorama de manera objetiva y positiva. Es humana, no lo olvides, no lo olviden: “Hay que entender que son circunstancias en las que no tengo el control y que no puedo cambiar, que tengo que aceptar y que la vida continúa y hay que aprender a vivir sola, a disfrutar esos tiempos de también estar sola y apreciar las cosas simples de la vida. Aprender a vivir con menos, comprar de una manera más austera, valorar verdaderamente la amistad que uno tiene que son las que siempre te van a llamar, así no puedan venir a tu casa”.

En el hospital han adaptado el auditorio con una capacidad para 46 camas, no están ocupadas aún, pero se alistan para la emergencia.

Cada noche que concilia el sueño es un pequeño triunfo, hay días malos en los que un miligramo de clonazepam con receta la ayudan. Espera necesitar menos esa pastilla. El budismo también suma a esta sobrevivencia.

Susana vive en Estados Unidos desde el año 2000. En 2007 empezó su trabajo como enfermera, en áreas de cirugía, cardiología, y cuidado intermedio.

Quizás el lector no lo comprenda, quizás cada uno de nosotros, desde casa, nos indignamos y pedimos más. Los doctores y doctores, enfermeros y enfermeras se entienden a sí mismos, todos comparten el mismo temor, estrés, y la preocupación por la familia que tienen en casa, en otra ciudad, en otro país.

Nefermera paruena


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