Opinión

César Hinostroza celebra, por Federico Salazar

César Hinostroza celebra, por Federico Salazar

Una corte española excluyó el delito de organización criminal del proceso de extradición del ex juez supremo César Hinostroza. Esto quiere decir que no podrá ser juzgado en el Perú por este delito. Hinostroza celebra.

La pena mayor por este delito es de hasta 20 años. Los delitos aprobados tienen penas que van desde servicios comunitarios hasta cuatro años. No se descarta beneficios penitenciarios.

Se ha dicho que el responsable de la exclusión es el Congreso, al excluir de esta imputación a los miembros del ex Consejo Nacional de la Magistratura. El ex juez Walter Ríos no fue excluido. La corte española considera que, si hubo actos de corrupción por acuerdo entre Hinostroza y Ríos, no se podría hablar de una organización criminal.

Habrá que investigar las responsabilidades del Congreso. Sin embargo, la verdad es que no se tiene la misma calidad en los elementos de convicción en el caso de Ríos y los demás.

La resolución de los jueces españoles nos pone ante la realidad internacional: no basta con que creamos que alguien cometió un delito para investigarlo quitándole la libertad. Se requiere, para la justicia española al menos, de elementos de convicción más desarrollados.

A partir de las grabaciones que hemos escuchado, ¿se puede hablar de una “organización” criminal en el caso de los jueces y magistrados CNM?

Para que haya “organización” (criminal) alguien debe ordenar acciones encaminadas al delito “con carácter estable, permanente o por tiempo indefinido”. Con relación a los funcionarios del CNM, con mandato finito, ¿se pudo crear un organigrama criminal “por tiempo indefinido”?

La decisión de la corte española pone en evidencia la precariedad de nuestro sistema de acusación. Nos hemos acostumbrado a que jueces peruanos tomen, en algunos casos al pie de la letra, los criterios de los fiscales. Eso no sucede en otras realidades que están más cerca de la realidad.

Hemos extendido la figura de “crimen organizado” a los casos de corrupción. Quizá no nos quedaba otro camino. Sin embargo, lo hemos hecho de manera apremiada y tal vez improvisada. No hemos adecuado la ley a las nuevas realidades.

De hecho, hubo acusaciones fiscales sobre partidos políticos que tuvieron que modificarse en el camino, debido a esta falta de pertinencia en la figura penal.

Muchos creen, por ejemplo, que algunas decisiones de nuestros jueces anticorrupción son severas y competentes. Todos deseamos eso: jueces severos y competentes. Debemos recordar, no obstante, que el deseo no debe confundirse con la realidad.

La exclusión de la que se beneficia Hinostroza en España nos coloca más allá de nuestros deseos. Nos da una dosis de realismo sobre la modesta calidad de nuestros procesos anticorrupción.

El Perú no es España, por supuesto. Y tampoco Hinostroza es el mismo Hinostroza en Perú que en España.

En el extranjero el ex juez ha tenido una conducta procesal escrupulosa, diametralmente opuesta a la que mostró en el Perú, desde donde huyó pagando coimas y armando tinglados de los que hacen los grandes delincuentes.

La corte española, indirectamente, nos llama la atención. Tenemos que revisar lo actuado con relación a las acusaciones sobre “organización criminal” y tenemos que revisar lo actuado con relación a las conductas procesales y las prisiones preventivas.

No nos debe pasar como en la fiebre del fútbol. Un día ganamos un partido e inmediatamente pensamos que podemos ser campeones mundiales. Después, un partido en el Mundial nos manda al fondo de la tabla.

Sobre la justicia no podemos ser febriles. No es un deporte. No es un campo para desahogar las pasiones.

El proceso anticorrupción trabaja con muy pocos medios humanos y materiales. Reconocer errores, exageraciones y sobregiros no descalifica el proceso. Al contrario, solo así podemos mejorarlo.

Hay que analizar caso por caso. Revisar y corregir, si es necesario. Criticar aspectos puntuales no equivale a cuestionarlo todo. No debemos satanizar, pero tampoco santificar.

Tenemos que reconocer que el sistema acusatorio está en sus inicios. Empezar no es fácil en un país donde nada es fácil.

El caso de Hinostroza nos debe acicatear para madurar. Y para regresar a la realidad.