Opinión

El Búho recuerda a Los Prisioneros

El Búho recuerda a Los Prisioneros

Este Búho recordaba cómo los manifestantes mapochinos, sin siquiera haber nacido cuando ‘Los Prisioneros’ estaban en pleno auge, en 1986, entonaban ‘El baile de los que sobran’ a todo pulmón durante las actuales protestas. Eso lo escribí hace una semana.

Pero la historia de esa canción, mezclada con mi historia personal, no terminarían con la columna. Me llamaron por teléfono el último lunes: “Aló, Búho. Este miércoles en las galerías Brasil se presenta el libro: ‘Latinoamérica es grande’, la ruta internacional de ‘Los Prisioneros’, de Cristóbal González Lorca. Clic”. ¿Por qué ese recuerdo me seguía? ¿Sería por las protestas contra Piñera, pues veo que pese a sus lastimeras concesiones, las exigencias, la violencia incendiaria y los saqueos del lumpen continúan, y no van a parar hasta que se vaya a su casa? Pero bueno, sobre la gira de ‘Los Prisioneros’ a Lima hay una y mil historias y voy a coger algunas.

EL ‘BAILE’ DE LOS CHILENOS: “La primera gira del grupo ‘Los Prisioneros’ en Lima, Perú, fue accidentada en cuanto a su organización, pero exitosa en cuanto a asistencia de público y a la (posterior) atención de los medios. Había mucha expectativa a su llegada, ya que se asociaba su nombre con la situación política que vivía Chile. Esta gira fue un desastre financiero para el grupo, ya que la radio que los auspició les dijo que los traerían a Lima en gira promocional. Ellos pensaban que no eran muy conocidos aquí.

Desconocían que sus temas eran número uno en los rankings radiales. Fue por ello que, al comienzo, solo programaron un concierto en la discoteca ‘Reflejos’ de San Isidro —un local chico—, pero luego sumaron un concierto en la Plaza de Acho, un local en el que se ofrecen espectáculos de corridas de toros y que cuenta con una capacidad de doce mil espectadores, consiguiendo ‘Los Prisioneros’, en sus dos conciertos, un lleno total.

Tras el show, fueron elegidos el grupo del año y la canción ‘El baile de los que sobran’, fue elegida como single del año en la mayoría de las emisoras radiales del país”. Eso se lee en el primer libro sobre esa convulsionada gira. Pero yo lo recuerdo muy bien porque estuve allí, no me lo contaron, y voy a decir la verdad. Ni bien cesó el toque de queda, en 1987, ‘Los Prisioneros’ por fin llegaron a tocar en Lima. El local no podía ser más emblemático: la Plaza de Acho. Las colas para ingresar eran kilométricas.

Este columnista llegó con su entrañable amigo comunicador Roberto del Águila y su pataza, el ahora vocalista del grupo ‘Cementerio Club’, Pedro Solano, que por aquella época era solo un fanático de ‘Los Beatles’, afanoso estudiante de Derecho en la Católica y no un líder de una banda de culto. Por mi carnet de periodista no hicimos cola.

En un coloso repleto, el mítico grupo tuvo que batallar con un sonido pésimo, pero lo peor es que justo cuando tocaban ‘El baile de los que sobran’, un chico punk borracho, drogado o lo que sea, la malogró toda, lanzó una botella que impactó en el guitarrista Claudio Narea. Un enfurecido Jorge González encaró a todo el mundo: “Lo siento muchachos, pero esos punkies, algunos de ellos no nos dejaron terminar. Vayan a ver a ‘Los Violadores’ oigan, los que tiran cosas, los que quieran ver punk, los que quieran tirar cosas”.

Eso dijo González y luego continuó ante los alientos de la mayoría, la inmensa mayoría: “Los que quieran ver rock sudamericano, quédense, y los que quieran ser la vergüenza de nuestro continente... si viene un gringo, seguro no le tiran cosas, pero viene un vecino suyo, hermanos nuestros, y miren...”. Pero los miles de fanáticos coreaban ¡¡Prisioneros, Prisioneros!!, así que se mandó con una furibunda versión de ‘Nunca quedas mal con nadie’, un tema que le da duro a los pseudointelectuales que evitan expresar sus verdaderas opiniones y evaden hablar claro cuando las ‘papas queman’.

El mítico concierto en Acho duró poco más de media hora. Así nos fuimos Roberto, Pedro ‘Cementerio Club’, su enamorada (hoy esposa) y este Búho, tristes por las malandras callejuelas de la Plaza de Acho.

Apago el televisor.