Opinión

Gravitas y esperpento

Gravitas y esperpento

Gravitas es un término romano para definir una virtud capital entre las autoridades, una dignidad muy severa y seria, exenta de toda frivolidad o ligereza. Algo sustantivo y profundo que emana del personaje público, que llama a respetarle. Un militar, sobre todo de alta graduación, debe infundir gravitas, pues se supone que son los funcionarios públicos que encarnan los valores más patrióticos, que viven una vida más sacrificada que el resto y que van a derramar su sangre por defender al país. En esto de los mandiles no me interesa el rosado, el tema gay, el feminismo o que el mandil sea feminoide o no. Simplemente debieron salir así vestidos de civiles. Nada más. Es como ver a un cardenal con las orejas de Mickey Mouse; se acabó su gravitas, ya no les respetas. Ojo, yo ya no le tengo ningún respeto a los curas (salvo a muy pocos) o a los militares (tras Velasco y sus matones, Hermoza y su pandilla, Donayre y sus payasadas gasolineras, etc.… eso ya es imposible), pero es indudable que, en términos de imagen, bobadas como esto de los mandiles le hace perder gravitas al uniforme ante la gente. Y eso no es bueno en un país ya de por sí bastante desinstitucionalizado.

La ministra Montenegro se ha caracterizado, desde congresista, por sus ansias arribistas de figuración, sus ambiciones baratas, su incontinencia verbal, su incondicionalidad al Ejecutivo de turno… Hasta que con eso logró su sueño y ahora es ministra. Está en su derecho de ser así: esa es posiblemente la fórmula más adecuada en un país como este para triunfar. Pero lo que sí es imperdonable es su torpeza mental como para no solo cometer un error, sino no percatarse después de que lo ha cometido. El esperpento es un género maravilloso para reírnos de lo grotesco, pero patético en la vida pública.