Opinión

'Negociar', esa palabra maldita, por Pedro Tenorio

'Negociar', esa palabra maldita, por Pedro Tenorio

Negociar: verbo clave para salir del entrampamiento político, pero que por hipocresía hemos convertido en el Perú en sinónimo de ‘repartija’ y festival de prebendas. Cuando dos partes quieren alcanzar un objetivo distinto pero no cuentan con la fortaleza suficiente para imponerse el uno sobre el otro, negocian. Muestran sus cartas, definen una nueva meta y ceden y otorgan terreno hasta obtenerla. Es decir, llegan a una posición consensuada, intermedia, en la que ambas partes sienten que están ganando algo.

Las escuelas de negocios en el mundo enseñan que la mejor negociación posible es aquella donde ambas partes creen que han obtenido algo, no donde una impone su ventaja sobre la otra, aplastándola. Ello dejaría heridas abiertas, cabos sueltos que no tardarían en desembocar, tarde o temprano, en una nueva crisis. Dicho esto, no entiendo por qué en la política peruana del siglo XXI líderes y partidos se revelan incapaces de intentarlo, o se dejan atarantar por una barra brava –las hay en ambos lados– que solo aceptaría una salida maximalista (al todo o nada) pese a no tener los votos suficientes para conseguirlo.

A dos meses del anuncio del proyecto de adelanto de elecciones del presidente Martín Vizcarra, iniciativa en la que ha involucrado prácticamente a todo su Gobierno, es obvio que está muy lejos de lograr su objetivo. Del mismo modo, la oposición, donde muchos ansían la caída del mandatario mientras lidian con serias denuncias por corrupción, recibe un persistente rechazo de la ciudadanía. En la política peruana no hay buenos ni malos, por lo general hay “menos malos” y muchas veces ni eso, como ahora. Siete de cada diez peruanos apoyan el adelanto, según la encuesta de este mes de El Comercio-Ipsos. El dato no es novedad, sí lo es que se confirme el descenso –lento pero sostenido– del apoyo popular a esta iniciativa.¿A ese desgaste progresivo, casi a cuentagotas, apuesta el Congreso? Pues sí, y lo alertamos hace semanas en esta columna (“La fe no mueve países”, 9/8/2019), pero el Perú no puede seguir así.

Gobierno y oposición deben negociar una salida: ¿Adelanto de elecciones sí, pero con posibilidad de elegir un Senado en el que los actuales parlamentarios puedan continuar si se postulan y consiguen los votos? ¿No adelanto, pero sí un compromiso de apoyo desde el Parlamento a las iniciativas gubernamentales que permita a Vizcarra gobernar sin sobresaltos y con una agenda de reformas urgentes (¡ojo, quedan 22 meses hasta julio del 2021!)? Los escenarios posibles son muchos, la clave está en encontrar la madurez y valentía que les permita sentarse a negociar. Agudizar el conflicto solo ratificaría el fracaso de nuestra clase política.