Opinión

Nuestros muertos

Nuestros muertos

Los reportes oficiales de la Defensoría del Pueblo y los datos recopilados por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, publicados por el diario La República, arrojan que desde 2002 hasta la fecha, con Toledo, García, Humala y PPK-Vizcarra, se han registrado 299 personas fallecidas, entre civiles y policías, como producto de los conflictos sociales.

Solamente bajo el gobierno de Alan García se registraron 193 muertes en conflictos sociales, lo que representa casi dos veces más muertes que las registradas durante los gobiernos de Toledo (17), Humala (73) y PPK-Vizcarra (16). ¿Quienes piden mano dura, sangre y fuego al gobernar pretenden ampliar esas cifras? Exigir la imposición de los proyectos sin importar costos sociales no es democrático y sostenible en ningún lugar.
La cantidad de muertes registradas refleja una carnicería injustificable y demuestra que el Estado ha sido incapaz de prevenir y abordar adecuadamente los conflictos. Ningún crecimiento ni ningún desarrollo justifican esta estadística.

Eso demuestra, además, que, si existe una izquierda peruana que vive atrapada en una pecera ideológica, también existe una derecha que no ve más allá de su burbuja. Ambas son un riesgo para el país, con la diferencia de que ahora la derecha tiene mucho más dinero y poder, y ha mostrado sistemáticamente no tener reparos para justificar el uso de la fuerza desmedida en nombre de la inversión. No tienen problema en gritar “traición a la patria” cuando un proyecto minero no es impuesto a las patadas, a pesar de que la verdadera traición es matar a mansalva a los mismos peruanos.

Cuando la derecha ideologizada presiona para que el Estado actúe como la peor de las personas, está obligándolo a dejar de cumplir el sentido por el cual existe.