Opinión

Pancholón es el diablo (II)

Pancholón es el diablo (II)

El ‘Chato’ Matta llegó al restaurante con cara de resaqueado y le preparé una espectacular parihuela de cachema, un cangrejo gigante y calamares. “María, la semana pasada te contaba que reapareció en mi vida la guapa Sarita, un antiguo amor, que estaba muy enamorada de mí, pero yo en ese entonces andaba viviendo la vida loca con Pancholón y no me gustaba porque era muy ‘zanahoria’ y varias veces la dejaba plantada para irme de juerga.

Cuando me escapé de ella en Año Nuevo, no me perdonó y se fue a estudiar un post grado en Madrid. Para sorpresa mía, a los dos años llegó a mi casa llevándole una torta a mi mamá y le dijo: ‘Señito, dele mi número al Chato’. La llamé y nos encontramos en el malecón de Miraflores. Estaba mejor que antes, madurita.

Caminamos hasta Barranco y tomamos un roncito en una banquita por un lado oscuro arrullándonos con el sonido del mar. Nos besamos apasionadamente. ‘Amor, volvamos a empezar’, me susurró. Luego demolimos la cama king size de su depa en Jesús María.

‘Chato, joder, soy una mujer moderna: quiero casarme contigo. Tómalo o déjalo, ahora o nunca’. Esa mañana salí contento, pensando en empezar una vida nueva con ella. Pero cometí un grave error. En la esquina de Salaverry con Cuba me pasaron la voz de un camionetón. ¡Era el doctor Chotillo!.

‘Chato, a los tiempos, sube, te jalo’. Le conté toda la historia al médico de los peloteros. A la semana siguiente debía ir a pedir la mano de Sara a la casa de sus padres. ‘Chato, me dijo Pancholón, si ya lo decidiste, te doy la bendición. Pero eso sí, te haré una despedida de soltero con ‘Las Terribles’ Cindy y Angie.

La suite presidencial de La Posada está reservada para la ‘fiesta romana’. ¡Somos los que somos!‘, gritó el libidinoso gordito. Las chalacas eran de avance y el bravo del hotel preparó unos tragos espectaculares: ‘Espérame en el suelo’ con ron, pisco, y Coca Cola.

Pero un ‘zapato roto’, sospecho que el envidioso de Chotillo, llamó al celular de Sarita: ‘Amiga, no mereces casarte con una rata de dos patas como el Chato Matta. Anda ahorita a la suite presidencial de La Posada, el hostal de los infieles, y verás su verdadera personalidad’.

Fue una pesadilla, nos tumbaron la puerta. ¡Era Sarita! Nunca olvidaré su rostro, una mezcla de sorpresa, rabia, decepción. Tenía tanta clase que no dijo nada y se fue dando un portazo. Desde ese día no la veo, me ha bloqueado por todos lados. Creo que ha pedido vacaciones y agarró un vuelo humanitario al norte donde tiene familia.

‘Chato -me dice Pancholón-, la flaquita no era para ti, muy sana, igual tarde o temprano te iba a ampayar, acuérdate que nosotros somos infieles por naturaleza. Un tigre nunca se puede volver vegetariano, no seas malo, la pampa es para todos, los sacolargos están a un paso de ser cornudos’.

María, ¿y si Pancholón fue el que le dio el dato a Chotillo sobre la fiesta para que llame a Sarita?”. Ese ‘Chato’ no escarmienta, prefirió al ‘diablo’ de Pancholón en vez de una mujer buena y trabajadora. Me voy, cuídense.