Opinión

Patrimonio de la Humanidad: ¿para qué?, por Christian Mesía*

Patrimonio de la Humanidad: ¿para qué?, por Christian Mesía*

Un bus escolar se detiene frente al Museo Nacional de Chavín, son estudiantes que vienen del distrito de Huari, situado a dos horas de Chavín. Los niños bajan emocionados del bus y caminan presurosos hacia la boletería del museo, no pasan ni cinco minutos y los niños regresan tristes al bus y se van. ¿Qué pasó? El museo está cerrado por tiempo indefinido debido a una falla en el generador eléctrico.

El Museo Nacional de Chavín fue construido gracias a los fondos de donación cultural del Gobierno Japonés y fue inaugurado hace 11 años. Este año el aniversario pasó desapercibido, sin pena ni gloria, con un museo cerrado indefinidamente. En el 2018 se inauguró el Centro Internacional de Investigación, Conservación y Restauración de Chavín de Huántar, al lado del museo. Esta obra que debió inaugurarse en el 2014 tuvo que esperar varios años, debido a la prioridad del Museo Nacional de Arqueología (MUNA) en el uso de recursos económicos del Ministerio de Cultura. Finalmente, gracias a la contribución del Fondo Contravalor Perú-Japón, el centro abrió sus puertas, como un espacio de diálogo científico y académico en la comprensión de una de las más grandes civilizaciones que el Perú le ha dado al mundo, pero lamentablemente el centro funciona actualmente con una capacidad disminuida debido a la ausencia de fluido eléctrico, con costosos equipos de análisis sin utilizar y con el riesgo de estropearse, debido a la inestabilidad eléctrica, y con un muy escaso número de profesionales que no pueden realizar sus funciones adecuadamente, con lo cual el museo y el centro han pasado a formar parte de la triste categoría de elefantes blancos.

El centro ceremonial de Chavín de Huántar se ubica a 1,8 km del museo y centro internacional, en el 2018 recibió más de 90 mil visitantes y es el destino turístico más visitado de la región Áncash. Sin embargo, el estado de conservación del sitio y de los servicios que ofrece al turista dan la impresión de ser el centro que menos dinero recibe, no solamente en la región, sino probablemente en el país. Los servicios higiénicos dejan mucho que desear, los paneles de información se encuentran decolorados (fueron colocados hace más de 10 años), no existe un solo estudio de capacidad de carga o de límites de cambio aceptable, no hay cafetería y la conservación del monumento arqueológico no es atendida debido a problemas presupuestales, con trabajadores con sueldos congelados por casi 10 años. El centro ceremonial de Chavín de Huántar ingresó a la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1985, debido a sus remarcables restos arqueológicos, testimonios de una civilización única en el mundo. El ingreso a esta selecta lista debió servir para salvaguardar la conservación del sitio, así como su identificación con el poblador más inmediato, aquel que vive al lado del sitio arqueológico y que día tras día ve decenas de turistas llegar por unas breves horas al pueblo de Chavín para luego retirarse raudamente.

Da pena decirlo, pero la condición de Patrimonio de la Humanidad no les ha servido mucho ni al centro ceremonial ni al pueblo de Chavín, gracias a la inoperancia y falta de preocupación de las autoridades locales, regionales y nacionales de turno. Y me da miedo realizar la siguiente pregunta: ¿cómo se sostendrá el MUNA si museos nacionales y centros arqueológicos integrantes del patrimonio mundial pasan penurias diarias?

Mientras tanto, los buses seguirán llegando al museo, y este seguirá cerrado; irán al monumento arqueológico, y este seguirá en condiciones trágicas. A fin de cuentas, se trata de Chavín, un pueblo ubicado en lo profundo de la sierra peruana, con más de 50% de población quechua hablante, un pueblo sin importancia para la gestión cultural gubernamental.

* El autor fue responsable del proyecto de construcción del Museo Nacional de Chavín y su primer director.