Opinión

'Profecías' en tiempos de epidemias

'Profecías' en tiempos de epidemias

Este Búho escribió sobre la falsa ‘profecía’ de una niña que anunció que ‘había subido al cielo y Dios le dijo que quienes salieran de sus casas el martes 21 de abril se iban a morir porque un extraño humo iba a envolverlo todo y los desobedientes caerían fulminados’. El video se transmitió en una radio a nivel nacional y se hizo viral en redes sociales. Como anécdota, en esa columna narraba que mi hija de 13 años me impidió salir a comprar algunos artículos indispensables al supermercado porque ‘podía morir’. Le hice caso a pesar de que sabía que era otro ‘cuentazo’. Efectivamente, el día señalado no pasó absolutamente nada y nadie murió, salvo los afectados por el terrible coronavirus. Todo fue una farsa, urdida por el padre de la niña con unos siniestros ‘plumíferos’ para sacar provecho de la histeria colectiva. Recordé que en épocas de tragedias y crisis -donde la gente vive asustada- siempre aparecen ‘profecías’ o ‘fenómenos paranormales’. Me vino a la memoria el caso de la ‘resurrección de Sarah Ellen’, enterrada en el cementerio de Pisco, que un habilidoso reportero, Leandro ‘Leo’ Espinoza, de un diario popular, sacó a la luz.

Pero el psicosocial más escandaloso y rochoso, en el que inclusive se involucró el mismísimo presidente de la República, el ‘Chino’ Fujimori, fue el caso de ‘La Virgen que llora’. Corría el año 1991 y en el ardiente verano se presentaron en el país miles de enfermos del cólera. Mientras en Asia se contabilizaban 12 mil casos y en África 35 mil, solo en el Perú teníamos 37 mil, y la gente moría como moscas en los hospitales.

El presidente Fujimori no sabía qué hacer, porque había alentado a la población a comer pescado crudo y, en parte, los peces infectados por alimentarse en aguas contaminadas también eran un peligro. Como por arte de magia, los diarios ‘chicha’ empezaron a cambiar las portadas y presentaron una noticia proveniente del Callao: en una vivienda donde la dueña, una ferviente devota de la Virgen, tenía tres imágenes de yeso, una de ellas ¡¡había llorado sangre!! El pueblo, desesperado porque el cólera seguía matando a personas de toda edad -al final se contabilizaron 6 mil muertos-, asumió que ese hecho correspondía a un ‘castigo divino’ por la crisis política y económica que vivía el país. Las madres llevaban a sus bebés para que tocaran a la Virgen y kilométricas colas se formaban para llegar hasta la imagen con el fin de pedirle un milagrito. Y hasta el agnóstico presidente Alberto Fujimori, en mayo de ese año, se acercó donde ‘La Virgen que llora’ y rezó para que nos ayude a salir de la crisis.

Pero el periodismo de investigación informó que toda esta historia fue ‘armada’ desde el Servicio de Inteligencia Nacional por el tristemente célebre psiquiatra Segisfredo Luza, quien trabajó para la dictadura militar. Allí se descubrió que la dueña del inmueble y custodia de las ‘vírgenes’ era hermana del chofer oficial de Fujimori y ¡¡trabajaba en Palacio de Gobierno!!

El mismísimo cardenal Augusto Vargas Alzamora alertó que era un psicosocial. Pero fue en vano. Curiosamente, si fueron medios de comunicación los que alimentaron ese ‘cuentazo’, también fue un medio de prensa el que se lo tiró abajo. El noticiero de Panamericana invitó a un químico que quería explicar científicamente ‘las lágrimas de sangre de la Virgen’. Pero no llevó una virgen, sino un huaco precolombino. El tipo echó una sustancia al huaco y automáticamente de la reliquia prehispánica comenzó a salir un líquido rojo, idéntico a la sangre, pero no lo era. ‘Igual a la Virgen del Callao’, concluyó.

Santo remedio, poco a poco la gente dejó de asistir a esa casa. Los diarios, la radio y las revistas, también. Igual que la ‘niña del humo’. Ya no estamos para tonterías y menos ahora que el coronavirus nos tiene con los pelos de punta.

Apago el televisor.