Opinión

Que me cuelguen

Que me cuelguen

Sanken Rei es un concierto audiovisual que se dará en junio en Lima. El concepto es desafiante y urgente: una revisión a la feminidad (tanto de la mujer como del hombre) atávicamente soterrada por tratarse de un universo que no puede ser controlado, uno de ciclos e intuiciones. Un bicho raro al que amarrar, pues aporta caos. Si a eso le sumamos la posibilidad de parir y de alimentar con nuestras tetas, ya lo intrigante deviene en diabólico. De hecho, los videos promocionales de Sanken Rei en las redes han sido acusados de satánicos. Estamos ante un gigantesco tabú. Lo cierto es que, después de haber tenido una mínima participación prestando mi voz entre muchas otras, he decidido que estoy lista para compartir mi situación hormonal actual sin miedo a que me digan vieja menopáusica, cosa que además ya me dijeron.

Estoy en una etapa insufrible llamada premenopausia que consiste en que la regla sigue viniendo cada 29 días, como reloj, pero achachau, lo que supone recibir finalmente la ansiada descarga es infernal. La primera quincena del ciclo estoy tranquila, positiva, enérgica, más flaca, un poquitito bonita quizás, lo que se dice bien. Pero la segunda es demoniaca y aquí he llegado a pensar que todas las represiones históricas hacia la mujer en tanto bruja, mala, histérica, etcétera, se justifican de lo lindo si se trata de mí. Es un cansancio que no puedo expresar en palabras, es querer llorar si tengo que repetir la misma frase doméstica entre dientes, del tipo: quién cogió mi cargador, dónde está la llave del auto... Siento que el sostén me aprieta, un calor que se dispara desde dentro aunque esté calata en un glaciar, sudo de noche como chancha, me duelen las encías y los huesos, la columna, tengo más ojeras, lloro por nada y quiero tragarme todas las harinas blancas y azúcares posibles, las ensaladas me parecen una penitencia. Muero de ansiedad. Pero además aparece una intolerancia absolutamente irracional contra: los hombres con cola, los locutores deportivos, las pataletas de los bebés, las mujeres felizmente embarazadas, la felicidad como estandarte, los perros schnauzer, el estofado, la quinua, la papa blanca, los envases de tecnopor, la ropa polar, las Barbies de carne y hueso, los mensajes positivos del Facebook, la cultura del éxito, las infusiones, los celulares en altavoz, las maratones, la gente que habla mucho, las motos repartidoras, el Metropolitano, los hipsters, la sola palabra espirulina, y un larguísimo etcétera. Me han dicho que aguaje, que soya, que clonazepam, que deporte.

Lo he probado todo y no se me pasa. Solo esperar la descarga, que baje, que fluya, que salga y que no coincida con luna llena porque eso es película de terror garantizada. Ya pasará.