Opinión

Temblores de alerta

Temblores de alerta

Cada movimiento telúrico que se produce dentro del territorio nacional, por muy inofensivo que haya sido, debe tomarse siempre como una advertencia. El terremoto de la madrugada del domingo, en la provincia de Alto Amazonas, Loreto, que no cobró la cuota de vidas humanas proporcionales a su tremenda magnitud debido a que su epicentro fue en zonas poco pobladas, nos lo acaba de recordar.

Hicieron bien el presidente Martín Vizcarra y su primer ministro Salvador del Solar en desplazarse de inmediato a la zona afectada, donde los daños son notorios, ya que el fenómeno causó pánico también en regiones aledañas, incluyendo la capital limeña. La presencia de las máximas autoridades del país en el lugar de los hechos es la primera y mejor señal de tranquilidad que se puede dar a los pobladores.

Sin embargo, no todo debe quedar en la imprescindible asistencia a los damnificados, tanto el Estado como la ciudadanía tienen que comprometerse en llevar adelante y con regularidad tareas de prevención, que es lo único que atenuará las nefastas consecuencias de los desastres naturales que nuestro país ha sufrido en distintos momentos de su historia.

Mientras los especialistas discuten sobre lo que ellos llaman el largo “silencio sísmico” en la costa central del país, los peruanos estamos obligados a tomar en serio, más que nunca, los simulacros y recomendaciones relacionadas con eventuales terremotos y tsunamis en zonas densamente pobladas, es decir, urbes, asentamientos humanos o caseríos que fácilmente pueden derrumbarse en el caos si sus pobladores no se encuentran debidamente preparados para enfrentar estos fenómenos.

Así, el simulacro nacional multipeligro que se llevará a cabo el 31 de mayo próximo debe contar con el compromiso de todos nosotros y difundir la seriedad e importancia del evento allí donde el mensaje de alerta no haya calado. Sentidos de responsabilidad solidaria como ese son los que nos convertirán en ciudadanos del siglo XXI y evitarán que sigamos estando entre las sempiternas víctimas masivas de los desastres naturales del pasado.