Opinión

Vuelo sin radares al 2021, por Juan Paredes Castro

Vuelo sin radares al 2021, por Juan Paredes Castro

El auspicioso vuelo del país al 2021, prometido por el presidente Martín Vizcarra, no solo sufre de una prolongada e intensa turbulencia, sino de una peligrosa pérdida de altura, con la amenaza de que podría llegar a su destino en emergencia y sorteando más de un radar constitucional e institucional.

Algo que entrañaría la grave situación de una democracia profundamente afectada, de una economía puesta al borde o por debajo de sus ya preocupantes indicadores y de un espectro social y político realmente desesperanzado.

El propio Vizcarra puede despejar el temor que encierra esta metáfora de rumbo extraviado si logra un mejor control del tablero de mandos constitucionales del Gobierno, si rebaja al máximo su confrontación con el Congreso y si hace del respeto a la separación de poderes una prueba de certeza más que de apariencia.

Siendo la política no solo el arte de lo posible, sino el arte de manejar desacuerdos, cuánto bien le haría al país cada pequeña cuota dialogante y concertadora de los partidos alrededor de unos cuantos puntos comunes de interés nacional. El jefe de Estado podría ser el convocante de este desprendimiento político en lugar de azuzar la discordia.

He aquí algunos de los botones claves que el mandatario debería pulsar correctamente antes de que sea demasiado tarde. El riesgo de guiarse por un tablero de mandos errático podría inclusive apartarlo de los esenciales cauces democráticos y constitucionales:

(1) Retomar las premisas de cuando asumió el poder presidencial en marzo del 2018, en reemplazo de Pedro Pablo Kuczynski: no más odios ni confrontaciones, no más zozobra institucional, no más pérdida de objetivos claros de Gobierno y Estado. Entonces parecía importarle más el país que el antifujimorismo.

(2) Claro que el arisco fujimorismo no es el mejor aliado del Gobierno para emprender las necesarias reformas políticas, pero ni Vizcarra ni Del Solar pueden pretender que el Congreso complazca sus deseos e intereses, aprobándolas a la carrera, o, peor aun, bajo la espada de Damocles de su disolución, espada que, por cierto, ya perdió brillo y filo. Importa más que las reformas estén bien hechas.

(3) Las reformas de la justicia, también impulsadas por Vizcarra, no van a ninguna parte porque el organismo llamado a evaluar, designar y sancionar a jueces y fiscales, tampoco puede ir a ninguna parte. Su condición de nonato se prolongará hasta sabe Dios cuándo, mientras el Ministerio Público y el Poder Judicial pierden autoridad institucional. La presunción de culpabilidad importa más que la de inocencia y las carcelerías preventivas más que el debido proceso. Así se victimiza a cada vez más investigados sin acusaciones. ¿Quién saca las castañas de tremendo fuego?

(4) La cruzada anticorrupción tiene que poner el foco no solo en la sanción ejemplar sino en el control de daño del propio Estado en sus estructuras descompuestas. La anticorrupción no comienza ni termina con las delaciones de Odebrecht, según el cristal con que esta las orienta. Solo una pesada aplanadora de orden, procesos y controles en el Estado podría reducir drásticamente la criminalidad existente. El cacareo anticorrupción, por sí solo, no basta ni arregla nada.

(5) No solo se trata de reactivar la economía, las finanzas y sus potenciales agentes y operadores. Debe restaurarse la confianza y eficiencia perdidas en el aparato gerencial y administrativo del Estado. La actual parálisis no solo denota falta de liderazgo en ministros, viceministros y directores generales. Sencillamente sienten temor de tomar decisiones y asumir responsabilidades. El fantasma de verse involucrados en sanciones fiscales y judiciales pasa por sobre su cabeza como un viento de pánico. La judicialización de la política.

(6) El principio de autoridad que encarna la Presidencia de la República no está sujeto a más condicionamiento que la ley y la Constitución. El tumulto político, social o gremial no puede desviarlo ni minimizarlo ni menos condenar al país a la parálisis de sus mejores inversiones mineras.