Opinión

Día del Periodista: Sin libertad de expresión, no hay democracia

Día del Periodista: Sin libertad de expresión, no hay democracia

Este Búho recibe Son días aciagos para ejercer el ‘mejor oficio del mundo’. Golpean a jóvenes reporteros en las comisiones oficiales, les niegan información y cobertura de actividades que el pueblo merece conocer, acusan con facilidad a quienes opinan en contra, amenazan a los medios de comunicación con hacer ‘cambios’ y ‘redistribuciones del espectro radioeléctrico’.

Muchos viejos amigos me señalaron como ‘fujimorista’ solo por advertir durante la segunda vuelta presidencial que este triste y caótico escenario que vemos ahora, con ministros vinculados a Sendero Luminoso, era posible en un gobierno de Perú Libre.

No voy a decir que tenía razón. Simplemente volteé a ver lo que sucedía en otras regiones de nuestro continente, en donde el comunismo ha destrozado, sin remordimiento, todas las libertades. Veamos nomás a Venezuela, Cuba y Nicaragua.

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Allá mis colegas son perseguidos, encerrados y desaparecidos cuando critican a la dictadura. Lo que sucede en nuestro país tampoco me ha sorprendido. En el ideario de Vladimir Cerrón está escrito bien claro la ruta que tomaría su partido si alcanzaba el poder: intervenir/regular/castigar a los medios críticos.

Muchos ingenuos creían que el profesor , se moderaría, pero ya estamos viendo su verdadero rostro. Indiferente cuando su seguridad arrastra a una joven reportera de televisión.

MINISTRO DE TRANSPORTES Y CANAL 7

Inmutable cuando su primer ministro ofendió a un hombre de prensa al mandarlo a ‘lavarse los oídos’. Mudo luego de que su ministro de Transportes dijera de manera temeraria e inaceptable: “Canal 7 (TV Perú) nos golpea a nosotros (el gobierno) como si fuera un canal extraño, también tenemos que hacer cambios ahí”.

Hoy, los periodistas tenemos un doble reto: informar y resistir. Es lo que toca en un gobierno de izquierda radical que no cree en las libertades y toma falsamente el nombre del pueblo.

Hace una semana, en el foro ‘Los desafíos de la libertad de expresión’, realizado en México, nuestro Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, dijo pertinentemente: “La libertad de expresión es la medida más segura que tenemos para saber si un país es democrático o no. La libertad de expresión permite a la prensa dar opiniones contrarias a las del gobierno. Esta es una definición general, pero es válida para los países de América Latina. Si hay libertad de expresión, hay democracia. Si no hay libertad de expresión no hay democracia”.

Los sátrapas son alérgicos a las críticas, se alucinan faraones egipcios a los que sus súbditos tienen que rendir pleitesía, se mueven en la oscuridad y en silencio. Es ahí en donde los periodistas valientes se atreven a encender la luz.

En una entrevista con Jaime Bayly, el reconocido entrevistador mexicano Jorge Ramos, de la cadena Univisión, dijo algo que aquí suscribo: ‘El periodismo siempre debe estar al otro lado del poder. En la orilla opuesta’. Nada más cierto. Y los politicastros deben entender que ninguna amenaza callará a los verdaderos periodistas.

Quienes estamos comprometidos con nuestros lectores, televidentes u oyentes, remaremos siempre contra la corriente, criticaremos y fiscalizaremos. No le debemos nada a nadie. Solo nos debemos a los lectores, a la audiencia.

Recuerdo esa historia que alguna vez escribió el legendario Arturo Pérez–Reverte cuando, a los 16 años, el director del diario donde practicaba lo envió a entrevistar al alcalde de la ciudad. Entonces tuvo temor y este le increpó: “¿Miedo?... Mira, chaval. Cuando lleves un bloc y un bolígrafo en la mano, quien debe tenerte miedo es el alcalde”.

APENAS ASOMAN LOS TENTÁCULOS DE LA REPRESION

Viejo y cuajado, Pérez–Reverte reflexionaría sobre aquella lección: “El único freno que conocen el político, el financiero o el notable, cuando llegan a situaciones extremas de poder, es el miedo (…). Miedo del poderoso a perder la influencia, el privilegio. Miedo a perder la impunidad. Al verse enfrentado públicamente a sus contradicciones, a sus manejos, a sus ambiciones, a sus incumplimientos, a sus mentiras, a sus delitos. Sin ese miedo, todo poder se vuelve tiranía”.

Es el miedo saludable, dice el español. Se entiende entonces por qué los dictadorzuelos o sus aprendices, abrumados de poder, odian las entrevistas o cualquier debate público. No es tiempo de celebración, sino de reflexión para quienes ejercemos este oficio. Pienso que apenas están asomando los tentáculos de la represión. A pesar de ello, de pie, debemos seguir defendiendo la libertad, la democracia y la verdad. Apago el televisor.

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