Opinión

El Búho: Los presidentes y la corrupción

El Búho: Los presidentes y la corrupción

Este Búho creía haberlo visto todo y pensaba que ya nada podía sorprenderlo. Estos ojazos pensaban que nunca iban a asistir a un gobierno tan inmoral como el de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos con sus cerros de dólares en la mesa.

Con Alejandro Toledo, el ‘Cholo sano y sagrado’, los peruanos pensábamos que íbamos a tener un gobernante que nos hiciera transitar por una democracia decente, como se hizo en Chile después de la transición de la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet.

Pero increíblemente, los presidentes elegidos democráticamente por los peruanos resultaron cortados por la misma tijera. Toledo, Alan García, Ollanta, PPK y Vizcarra repitieron el nefasto ‘modus operandi’ y, según acusaciones fiscales, resultaron involucrados en la multimillonaria telaraña de corrupción, investigados de recibir millones de dólares de la constructora Odebrecht.

Obviamente, negaron las imputaciones en mil idiomas. Ellos fueron los maestros del embuste de Martín Vizcarra, quien perfeccionó el arte de la mentira hasta llevarla al cinismo y la psicopatía.

El ‘Cholo’ Toledo no daba explicaciones. Se mostraba cortante con los periodistas cuando le sacaban sus ‘chicharrones’. “¡Oiga, yo no le permito!”, bramaba botando un tufo a whisky capaz de desmayar a un caballo. La verdad es que recibió 30 millones de dólares de coimas, según declaró el propio Maiman. Acorralado, huyó a Estados Unidos y hoy espera ser extraditado a Perú.

Alan García siguió el mismo camino. Las investigaciones fiscales que seguían la ruta de dinero lo colocaban como el verdadero dueño de las cuentas en un banco de Andorra depositadas por Odebrecht a nombre de su amigo César Atala. Llegó a Lima y ante los periodistas que lo interrogaban, con arrogancia, les espetó: “¡Demuéstrenlo, pues imbéciles!”. Cuando su secretario Luis Nava lo delató, asegurando a la justicia que los millones eran de García y le llevaba periódicamente plata a Palacio, y se le dictó prisión preventiva, se suicidó de un balazo en la cabeza.

Ollanta y Nadine ya tienen acusación fiscal y piden para ellos 20 y 24 años de cárcel por recibir millones de Barata.

PPK mintió sin escrúpulos al país cuando juró que nunca hizo negocios con la corrupta empresa brasileña, pero le demostraron que su empresa Westfield hizo negocios por varios centenares de miles de dólares y, lo peor, cuando era ministro.

Ahora, Martín Vizcarra se ha consagrado como el ‘rey de la mentira’. Para cada acusación, por más evidente que sea, siempre sale con otro embuste. Pero la última es imperdonable, cuando dijo que más bien deberían decirle ‘valiente, ya que me vacuné para acompañar a los miles de voluntarios, para estar con ellos y darles apoyo’. Desmentido por la propia Universidad Cayetano Heredia y por el propio Germán Málaga, jefe del proyecto experimental, sigue perdido en su laberinto de mentiras y justificaciones, y ya no parece un caso para un juicio político o penal, sino más bien para terminar en un hospital psiquiátrico.

El moqueguano tuvo una digna alumna, Pilar Mazzetti, quien le ganó a todos. Sin desparpajo llegó hasta el Congreso a decir que no se había vacunado, porque el ‘capitán es el último que abandona el barco’.

Al conocerse que ya estaba vacunada, realmente estamos ante una cínica peligrosa. Sin escrúpulos. ¿Cómo sabemos que las cifras de muertos que anunciaba son las reales, si resultó una ‘reina de la mentira’?

En ningún país del orbe se ha dado un caso de abuso de poder y de falta de humanidad de parte de las máximas autoridades de un país en una situación de emergencia extrema y por la distribución de vacunas.

En la lista hay políticos, ministros, viceministros, chiferos, ‘pulpines’, esposas, amantes, ‘amiguitas’, choferes, empleadas del hogar, una conocida abogada lobista que escribía hipócritamente reclamando primero que vacunen a los de la primera línea de combate y a ella le pusieron no dos, sino tres dosis.

Recuerdo a Manuel González Prada y su frase esgrimida hace mas de 100 años refiriéndose a la política peruana respecto a la corrupción y el abuso: ‘Donde se pone el dedo, salta la pus’. Y compruebo la visión premonitoria del maestro. ¡Qué tal manera de empezar el Bicentenario! No me queda duda que esto tendrá un impacto tremendo en la sociedad, sobre todo en los sectores más golpeados de la pandemia y en una juventud que no creo que permanecerá impasible ante este abusivo e inhumano abuso de poder.

Apago el televisor.