Opinión

Una 'Joyita' de Fernando Ampuero: 'Seis capítulos perdidos y otros extravíos'

Una 'Joyita' de Fernando Ampuero: 'Seis capítulos perdidos y otros extravíos'

Este Búho, como ya comentó en columnas pasadas, se adapta a las nuevas plataformas digitales. Por eso, la curiosidad me llevó a descargar mi primer ebook. Y no cualquiera, sino la más reciente publicación del escritor Fernando Ampuero: ‘Seis capítulos perdidos y otros extravíos’.

Disculpen la nostalgia, pero nada se compara con el papel y ese ritual que gira alrededor de un libro nuevo: arrancarle el plástico, palparlo, olerlo, ojearlo al vuelo y, sin más, iniciar la lectura. Soy un viejo romántico que lee con lapicero en mano. Pero las nuevas generaciones, que no se despegan del celular ni por un minuto, encuentran en los libros virtuales mayores comodidades.

Desde la pantalla se puede resaltar párrafos enteros, guardar citas, añadir notas, clicar sobre una palabra que no se conoce y hallar sinónimos de inmediato. Virtuales o físicos, la idea es que sigamos leyendo, alimentando el alma.

Bebé afgano es entregado a soldados de EE.UU.

Volviendo a ‘Seis capítulos perdidos y otros extravíos’, me encuentro con una ‘joyita’. Es un compendio de anécdotas íntimas que el también periodista guardó durante décadas y que en este libro se atreve a contar con disculpas previas por la ‘honestidad’ e ‘indiscreción’.

En el prólogo escribe: “Se trata de pasajes íntimos y parcialmente secretos, debería decir. Unos fueron sedimentando en la penumbra de mi memoria; otros se escondieron a pleno sol —ojalá descifren la desfachatez de esta frase—, ya que solían aflorar en una que otra charla de sobremesa”.

CUENTOS INÉDITOS Y ARTÍCULOS AÑEJOS

Además, hay cuentos inéditos y artículos añejos. Ampuero es un escritor cuajado, sobreviviente de mil batallas. Como un soldado veterano, carga sobre sus hombros varios galones/libros. Por eso describe con talento, soltura y gracia esa ‘sabrosa’ anécdota que protagonizó su gran amigo, el poeta Antonio Cisneros, durante una cena de gala.

Relata Ampuero que el querido ‘Oso’ había sido invitado a una ceremonia ostentosa, a la que asistiría la crème et crème de Lima. No conocía a nadie, apenas a la dama que lo convocó, quien era la esposa de un importante funcionario.

“Llegó y avivó su verbo, creyéndose el invitado de honor. Y, en una hora, al tercer o cuarto whisky doble, alcanzó su cota de desenfado: lanzó desafiantes boutades de intelectual desencantado que desprecia lo que el sistema celebra, y consiguió impresionar, provocar y escandalizar a la concurrencia que lo oía”.

Con temor de que arruine la fiesta, el anfitrión llevó al poeta a su biblioteca, con el pretexto de mostrarle sus colecciones. En el camino le invitó un trago, ‘el mejor blended del mundo’. Sin darse cuenta, a los pocos minutos, Cisneros cayó sobre un sofá derrotado de sueño. ¡¡Había sido pepeado!! Frente a su cuerpo anestesiado, la concurrencia leyó un par de poemas suyos. “Varios de los presentes, conmovidos, aplaudieron; y otros, que de plano no sabían ni pío de poesía, igual se alegraron”.

FERNANDO AMPUERO Y JULIO RAMÓN RIBEYRO

Otra anécdota memorable que Ampuero relata en su libro es aquella aventura que vivió en alta mar con el escritor Julio Ramón Ribeyro, Guillermo Niño de Guzmán y un misterioso ‘parisino’. Todos invitados por Bernardo Roca Rey, ‘célebre creador de la cocina novoandina’ y dueño del velero ‘Madrugada’.

El plan era navegar las aguas de La Honda, Naplo y, al anochecer, anclar en la isla de Asia, “aprovechando que cuenta con una buena ensenada para naves que requieran abrigo”, para al día siguiente regresar hacia Naplo. Sin embargo, cuando iba oscureciendo, una ráfaga de balas sobresaltó a los tripulantes.

Eran guardacostas que pedían el retiro de los intrusos. “El capitán del velero sacó un altavoz y reveló sus intenciones: ‘Señores, comuniqué por radio a mi base que veníamos a fondear en la isla para pasar la noche. Nos dieron permiso’. La respuesta fue otra ráfaga de metralleta. ‘¿Me han escuchado?’, replicó el capitán”.

De pronto, un oficial de la Marina respondió a gritos: “‘¡Es inválido ese permiso! ¡Esta es la isla del presidente Fujimori, y ahora no pueden anclar botes de civiles! ¡Está prohibido!’”. Derrotados y con el clima en contra, pues no había viento y una neblina espesa los ponía al acecho de grandes buques, tuvieron que retornar a la costa.

Entonces, Ampuero recuerda una frase sarcástica que sentenció el ‘Flaco’ Ribeyro: ‘Vinimos aquí para buscar la aventura y la hemos encontrado’.

El libro también recoge algunos relatos que enfrentan ‘dilemas morales’, en los que Ampuero, con gran habilidad aborda con ironía asuntos de pantalones. ‘Consejos para debutar como un viejo verde’ es un texto corto, pero con el que varios cincuentones se identificarán a discreción:

“Las chiquillas de veinte, de seguro, te dirán chau. Te besarán en la mejilla como a un tío simpático. Se reirán de ti. Ya no las ‘enciendes’. Y es que de pronto te has vuelto invisible; desde su punto de vista estás obsoleto, o les pareces casi un anciano, digno de lástima y de risitas compasivas cuando te esfuerzas en coquetear y seducir”.

Sin duda, Fernando Ampuero sigue con la pluma afilada. Con la memoria fresca y la creatividad a tope ha entregado un libro que se disfruta de principio a fin. Perfecto para un fin de semana en casa, acompañado de un buen café. Apago el televisor

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