Vida

Del hambre, ollas comunes y modelos público-privados

Del hambre, ollas comunes y modelos público-privados

La historia del hombre es la historia del hambre. Según Martín Caparrós, ninguna enfermedad, ninguna guerra ha matado a más gente. Todavía ninguna plaga es tan letal y, al mismo tiempo, tan evitable como el hambre. Un país rico y peruanos que se mueren de hambre, o enfermedades derivadas  del hambre, de las muchas que conviven con nosotros, se convierten en la paradoja más perversa que no solo debería avergonzarnos a todos los peruanos, sino que su desaparición debería ser el centro de nuestra atención y motivación de acciones concretas.

En estos meses comprobamos que si bien todos estamos bajo la misma tormenta, no todos estamos en el mismo barco. Hay familias que pasan hambre. Una respuesta vecinal espontánea y muy rápida liderada por mujeres han sido las ollas comunes. Nacieron hace tres décadas y se activan frente a una emergencia puntual y luego se desactivaron. En los meses de la pandemia pasamos de 500 a casi 1 500 ollas comunes en 31 distritos de Lima y el Callao que alimentan diariamente a 130 mil personas.

Solidaridad. Un grupo de madres se organiza para recolectar en el barrio lo que se tenga para cocinar en el día. El grupo de familias que aportan colaboran en la elaboración de una comida diaria para todos sus integrantes y para los casos sociales. Llegan a cocinar para 80 o 200 peruanos por vez. Este modelo social generado de lo mas íntimo de nuestra sociedad se vinculó proverbialmente con la iniciativa Manos a la Olla, de la Municipalidad de Lima.

En 2019 nacieron con el objeto de rescatar los alimentos antes de ser desperdiciados en los mercados, para luego gracias a una red hormiga de voluntarios cocinar para población vulnerable. La pandemia redefinió sus objetivos, en tanto la inmovilización mermó los voluntarios y aumentó el número de familias vulnerables. Ahora proveen de alimentos y conocimiento para la autogestión a las ollas comunes mitigando el impacto en sus mesas por la presencia de la COVID 19, en los distritos con los más altos índices de pobreza. Identifican ollas comunes, las georeferencian en el que podría ser el mapa cívico del bicentenario, promueven la adopción de ollas comunes y los acompañan en el fortalecimiento de su gestión, nutrición y salubridad.

Este modelo en que conviven movimientos barriales e iniciativas públicas, gracias a esa función tan poderosa de nuestro patrimonio alimentario, esa de conectar energías vitales, se retroalimenta con ‘Comida para todos’, un movimiento liderado por PUCA, Peruanos Unidos por la Cocina y la Alimentación, la Revolución y el programa de gastronomía de la Universidad Católica del Perú, quienes llevan gratuitamente raciones de comida y educación alimentaria a las ollas comunes georeferenciadas por la Municipalidad de Lima, reactivando en el camino a los restaurantes, pequeños productores y transportistas en una ecuación que se sostiene gracias a la donación particular de ciudadanos y de empresas privadas. Sumémonos para recaudar un millón de soles para que por los próximos 5 meses se puedan entregar mas de 110 mil raciones.

Un modelo inspirado por la pregunta que nos debería torturar a  todos. ¿Cómo conseguimos vivir sabiendo que en nuestro país hay gente que pasa hambre? Esa situación que le roba a los niños la posibilidad de pensarse distintos y los deja sin horizontes. Este modelo ingenioso, espontáneo y genuino, logra conjugar la ética y estética social en el hecho de que nadie les pidió hacerlo,  pero todos los necesitamos.